J. Coma Matute ocupa un lugar principal en la historia contemporánea del Capítulo de Barcelona como primer prior-presidente documentable de su etapa moderna, entre 1988 y 1994. Su figura merece ser recordada como uno de los principales artífices de la consolidación barcelonesa de la Real Archicofradía y como eslabón inicial de una secuencia institucional que llega con plena continuidad hasta el presente.
Su importancia se comprende mejor cuando se sitúa dentro del marco real de la institución: una proyección hispánica orgánica de la casa madre de Catanzaro, canónicamente constituida en 1987 y prolongada después por sucesivos presidentes. De este modo, J. Coma Matute aparece no como fundador aislado de una realidad autónoma, sino como primer responsable visible de la fase contemporánea del capítulo dentro de una continuidad hoy bien acreditada.
La serie posterior confirma esa estabilidad: Jorge Castellá, Jorge Vilanova, Ángel García, Javier Martín y, desde 2023, Florencio Serrano Prior, confirmado canónicamente el 15 de mayo de 2024. Recordarlo así fortalece su relieve histórico y lo inserta con justicia en una auténtica cadena de gobierno y servicio.
Su recuerdo debe tener además un tono institucional y agradecido. Hablar de él es hablar de la continuidad de Barcelona, de la seriedad con la que el capítulo arraigó en la Iglesia local y del servicio silencioso de quienes hicieron posible su estabilidad. Esa perspectiva resulta mucho más fecunda y atractiva que una mención puramente nominal u honorífica.
Así se entiende mejor su verdadera importancia histórica dentro de la misma Real Archicofradía actual.