La parroquia de Sant Eugeni I, Papa, ocupa un lugar de especial importancia en la historia contemporánea del Capítulo de Barcelona de la Real Archicofradía, porque en ella radica hoy su sede y en ella se desarrollan actos de culto, investiduras y vida fraterna. Por eso conviene presentar la historia del templo con precisión histórica y, al mismo tiempo, con claridad institucional.

La parroquia fue creada en 1945 por decreto del obispo Gregorio Modrego, aprovechando la antigua capilla del Hospital de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Esa capilla había sido construida entre 1880 y 1883 por el arquitecto Jeroni Granell, dentro del historicismo de la época y en concreto con lenguaje neorrománico, gracias al mecenazgo de Dorotea de Chopitea. Durante la Semana Trágica de 1909 y en 1936, en el contexto de la Guerra Civil, la iglesia del hospital no sufrió los daños que alcanzaron a tantos otros edificios religiosos de Barcelona. La nueva parroquia comenzó a funcionar plenamente en 1947.

La dedicación a san Eugenio I remite al papa del siglo VII cuya memoria histórica ha quedado ligada a la defensa de la ortodoxia en tiempos de fuertes tensiones con Bizancio. Eugenio I, elegido en 654 y fallecido en 657, sucedió a Martín I en un momento especialmente complejo para la Iglesia romana. La tradición histórica lo recuerda como un pontífice de gran rectitud, firme en la fe y prudente ante las presiones imperiales vinculadas a la controversia monotelita. La elección del titular no fue, por tanto, un detalle casual: confería a la nueva parroquia un patronazgo de firmeza doctrinal y fidelidad eclesial.

A lo largo del siglo XX la parroquia fue consolidando su perfil pastoral. Entre sus rectores figuran Mn. Llorenç Castells, Mn. Josep Oriol Roig, Mn. Ángel Martínez y Mn. Rossend Ametller; entre 1994 y 1995 ejerció como administrador parroquial Mn. Xavier Orpinell. En 1984 se realizaron obras de ampliación y en 1995 se adecuó el presbiterio, cuyo nuevo altar fue consagrado por el obispo Jaume Traserra. Todo ello configura una historia de continuidad litúrgica y pastoral que explica su estabilidad como sede eclesial.

Desde la perspectiva de la Archicofradía, Sant Eugeni I, Papa, no es una simple localización funcional. Es el lugar donde el Capítulo de Barcelona ha encontrado arraigo parroquial, visibilidad eclesial y una plataforma concreta para prolongar en España la tradición de Catanzaro. Aquí se celebró, por ejemplo, el capítulo de investidura del 28 de abril de 2024, en presencia de la delegación llegada de la casa madre. Por ello, la historia de la parroquia debe leerse también como parte de la historia reciente de la mediación hispánica de la Archicofradía: una sede urbana, sobria y estable, capaz de integrar memoria, culto y servicio en el tejido vivo de la archidiócesis de Barcelona.

La figura de Eugenio I admite todavía alguna precisión útil para el lector. Romano del primer distrito eclesiástico e hijo de Rufiniano, pertenecía al clero desde joven y fue recordado por las fuentes antiguas como hombre de mansedumbre, santidad y generosidad. Su pontificado quedó marcado por el conflicto suscitado tras el exilio de Martín I y por la presión imperial para que Roma aceptase fórmulas ambiguas sobre las voluntades y operaciones de Cristo. Cuando los legados regresaron de Constantinopla con una carta del nuevo patriarca Pedro, redactada de forma deliberadamente equívoca, el clero y el pueblo de Roma reaccionaron con firmeza y no permitieron al papa abandonar Santa María la Mayor hasta prometer que no aceptaría aquella formulación. La tradición recuerda también que Eugenio evitó el destino trágico de su predecesor gracias al giro político y militar del momento, y que recibió en Roma a san Wilfrid en una escena transmitida por las fuentes inglesas. Esta memoria refuerza el valor del patronazgo: Sant Eugeni I, Papa, evoca un modelo de fidelidad serena, firmeza doctrinal y comunión con la Iglesia de Roma.

También por eso la parroquia resulta idónea como sede del Capítulo de Barcelona. Su historia no está marcada por grandilocuencia, sino por servicio, continuidad y vida sacramental, exactamente las mismas claves con las que hoy conviene presentar a la Archicofradía en Cataluña. La inserción parroquial evita toda lectura puramente honorífica y subraya que la institución actúa dentro de la vida ordinaria de la archidiócesis, en comunión con su pastor y al servicio de los fieles. La historia del templo y la del Capítulo convergen así en un mismo punto: una forma católica de presencia urbana, discreta pero estable, históricamente enraizada y pastoralmente útil.

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